
lOs rOsTrOS De SuDaMeRiCA

Editorial Nº 6
EL MUNDO ES UN PAÑUELO

Conocí a TUGA el mimo, en Medellín. En el 12º festival MIMAME. Allí fuimos presentados como compatriotas. Hasta verlo en escena, sólo me pareció otro chileno patiperro. En esa ocasión comentó que estaba involucrado en la organización de un festival de arte callejero. Que se realizaría en diciembre, en el puerto principal. Los azares del viajero me trajeron hasta la nortina Arica. Allí reposaba los huesos después de atravesar Colombia, Ecuador y Perú… en bus. Acompañé hasta la fronteriza ciudad a quién fue mi compañera de viaje – y amores - en los últimos meses.

En el Tres Soles – un hostal acogedor y con ruidos de niño – conocí a un par de artistas callejeros franceses – Rafa y Etienne - y mientras compartíamos un tintolio, comentaron acerca de lo difícil que resultaba conseguir pasaje para el Sur. Debían llegar a Valparaíso. Allí serían parte de la Primera Invasión Callejera. Dura – y cara - estaba la tarea para viajar al centro del país. Una oferta de la compañía aérea del aspirante a gerente general del país, me permitió llegar a “la colita” de la invasión callejera.
En la esquina de la avenida Pedro Montt y Edwards, en mera Plaza VICTORIA, se estaban gestando las últimas actuaciones de estos robin hood del arte. Cuando finalizaba su actuación y pasaba el sombrero – o la bolsa – TUGA se me acercó y al saludarlo a la manera colombiana – ¡que más, parse! – su blanca faz se lleno de risa. El mundo es un pañuelo.


También estaba allí RULO, el clown mexicano. A quién ya había fotografiado en Colombia. Un artista fuera de serie, que se pagó los pasajes desde la capital azteca para reivindicar el derecho de ejercer el arte callejero. Arte que tiene sus bemoles, ya que en ocasiones alguno(a)s automovilistas no se muestren muy “receptivos”. Abrazos y una gran alegría nos embargaron a todos. Las actuaciones de TUGA, RULO y la fugaz aparición de un integrante del dúo argentino LA TERMOSTÁTICA, junto al cierre del evento efectuado – paradojalmente – en el ex-cárcel de Valparaíso, son las imágenes que componen esta entrega. El texto a continuación es el manifiesto que los artistas callejeros elaboraron como declaración de principios:






“MANIFIESTO
Los y las artistas de calle transformamos y recreamos el espacio urbano, construyendo desde nuestro saber y nuestro hacer un territorio realmente público, vivo, concebido desde lo particular y no desde una estructura central y autoritaria.
El ejercicio del arte callejero corresponde a una decisión, a una voluntad de construir espacio público a través de arte en donde nuestra práctica es igualmente exigente, digna e importante que otras ramas artísticas.
La represión policial pone de manifiesto y reinstala en el escenario público el conflicto social confinado al ámbito de lo privado, fragmentado, forzado a parecer inexistente, perdido en la masa pasiva y no deliberante de las urbes.
Como parte del tejido social, inmerso en las relaciones de dependencia impuestas por el modelo económico, nos vinculamos, con distintos matices al ámbito ciudadano, laboral y jurídico en procura de una mejora de nuestra situación material.
Lxs (las y los) artistas callejeros configuramos nuestro arte desde el tránsito ya sea dentro de una ciudad, por un país o entre países.
Nuestro arte históricamente no tiene fronteras.
El reconocimiento de esta condición elemental de nuestro quehacer se hace indispensable al hablar del respeto y valoración por nosotrxs y lo que hacemos.
Liberando espacios públicos para el arte callejero.
Primera Invasión Callejera, Valparaíso 2009”
Fotografías y texto de Juan Ramón Salinas
MIMOS EN MEDELLÍN

La curiosidad mató al gato. Fui a ver la ciudad de sanpabloescobar – en donde el apellido uribe se repite hasta el cansacio (monolitos, museos, edificios, calles, plazas, parques y de todito lo que le lleva una ciudad). Llegamos en combo sureño. La patota la componíamos Daniel y Esteban (argentinos), la flaca, yo (chilenos) y Jorge (uruguayo). Ellos, los rioplatenses, artistas cirqueros de la calle, invitaron – como paracaidistas- al décimo segundo festival internacional de mimos y clowns, Mimame.



Una mocha entre argentinos – altas voces, palabras de grueso calibre, gran gesticulación… y mas na’ dixit andrés caicedo - nos despabiló del modorriento y culebrero viaje nocturno (son nueve horas arriba de un bus bajando la cordillera de los andes). Los organizadores nos recibieron afectuosamente. Puedo decir con propiedad que compartí escenario con el circo de los hermanos norrea – los rioplatenses cirqueros – aunque fue sólo para dormir. El presupuesto no contemplaba item paracaidistico. Canje por alojamiento en escena y alimentación fué la oferta. Bien, ya estabamos allí y… nada, a echarle pa’lante no más.





Metrallo… así la llaman, los colombianos. Una ciudad instalada – capricho de poderosos- al fondo de un agujero de la cordillera. Aun más encajonada que santiasco pero con cierta similitud, ya que la vegetación de sus cerros circundantes ha sido depredada… también. Al menos dos enfrentamientos a balazos hubo en seis días que estuvimos allí. Bandas que rivalizan por controlar el tráfico de drogas y los otros tráficos que se inventa el capitalismo para continuar dominando. Una de las balaceras duró más de tres horas. Es sintomático que el único espacio de libertad que conocí en esa ciudad, se llame parque del periodista. Un triangulo irregular – lo que nosotros llamaríamos una punta de diamante - con una superficie no superior a 200 metros cuadrados. Poblado con cinco árboles, cuatro niños en bronce - que recuerdan una masacre efectuada por la policia, de otros diecisiete, en el año dos mil dos; un monolito a la memoria del fundador del periodismo en medellín, un vendedor de frutas por la mañana y tres vendedores de vareta por la noche. Decenas de visitantes nocturnos evitando la policia - que hace nata por todos lados - para hablar, intercambiar ideas, fumarse un porrito o beberse una chela. Allí conocí el primer desplazado de colombia, Pillín Pillao – dixit él mismo. Los desplazados son personas – campesinos en su mayoría - que han debido abandonar sus lugares originales de habitación, debido a presiones de paramilitares que utilizan sus terrenos para instalar, entre otras cosas, factorías de producción de cocaina. Pillín Pillao es un mimo al que no alcancé a ver en escena ya que su presentación fue suspendida (!)